Concluye un Libro de nuestra Torá. Arriba también un nuevo tiempo. Shabat conjuga su encanto con Rosh Jodesh, un mes que nace y con él la sensación de renovarnos en todo sentido. Aunque también, el calendario nos regala un desafío más…Contar, a partir del comienzo mismo de este mes, una serie de ‘Cuatro Shabatot Especiales’, que nos van llevando de la mano, por el camino del vivir. Vivir el calendario judío, es vivir el judaísmo de todas las generaciones. Es sobrevivir y continuar. Es mirar hacia atrás y proyectarnos infinitamente hacia el futuro…Hoy, junto a la Reina, llega el nuevo mes decíamos, y también ‘Shabat Shekalím’…Una conjunción ideal para armar el ‘juego’ más entretenido: poder alcanzar, con intensidades diferentes, el mismo objetivo…Trasladarnos, con cuerpo y alma a vivenciar nuestra tradición, única, preciosa, edificante y joven…siempre joven.

El Libro de Shemot llega a su fin. Es el libro que habla y relata acerca de la ‘creación, la formación del pueblo de Israel’, al decir de nuestros sabios. En su recorrido transversal, es la confirmación de la Promesa de D’s formulada a los Patriarcas. Esclavitud y Libertad. Torá y Mitsvot. Ascenso y arraigo en la Tierra -eje y centro a la vez- de esa Promesa. Nada en él quedará en el olvido.Shemot es siempre el presente conjugando tiempos futuros. Y así como se diseña a un pueblo a partir de la ‘Gueulá’ -la redención-, también serán los hechos que ese pueblo produzca, los que hagan que esa gueulá se instale a perpetuidad en él o no.El que D’s nos haya concedido el regalo de la libertad no nos hace libres aún. Se debe ascender al peldaño de la ‘gueulá’ decíamos, que supera a la mera libertad en un poder especial, singular: la palabra, el habla, la transmisión, el relato. “Un pueblo redimido libre”, afirmaba el sabio Rabino Soloveitchik Z”L, “es una entidad parlante que hace historia. Es una entidad creadora de historia…”. Y el libro de Shemot nos ‘devolvió la palabra’ en cierto modo, al instalar el Todopoderoso en nosotros la libertad. Solo después de ello sobrevendrá el lenguaje, es decir, la ‘palabra llena de contenidos’…Allí comenzará la ‘gueulá’. A los pies del Monte Sinaí. Cuando LA PALABRA descienda desde los Cielos y se instale entre los hombres. Allí la redención se vestirá con sus vestidos de Gloria y caminará, a paso firme y sostenido de la ‘Mano del Creador’, hacia la Tierra…

“Los traerás y plantarás en el Monte de Tu heredad…” cantábamos tras el cruce del Mar Rojo.

Y así llegan las últimas perashiot hablándonos de cómo preparar nuestra llegada. ‘Vaiakhel’ la semana que pasó y ‘Pekudé’ hoy, nos presentarán la ejecución de una obra monumental, única en su estilo y en su tiempo: La construcción de un Santuario Móvil, el ‘Mishcán’, Asiento y reposo de la Divinidad, señal de Su Sagrada Presencia entre nosotros, corazón mismo de la nación hebrea…Centro vital para su existencia. Y esa construcción llega al pueblo de Israel después de haber sucumbido en la peor de sus transgresiones: el haber confeccionado con sus propias decisiones el ‘becerro de oro’. Y estudiamos del Rab Aviner Shelita, que “nuestra Torá no concluye su relato con el becerro de oro” .Tal vez muchos entre los que escriben la historia hubieran preferido tal epílogo. Pero no. Hay reparo. Nos podemos reconstruir. Nos debemos reconstruir. Y la orden de D’s es erigir un Espacio de Santidad.

Por ello la singularidad del comienzo de nuestra perashá. “Ele fekudé ha-Mishcán…”.Toda vez que la palabra ‘Ele’ -que quiere decir ‘Estos’ (son) no aparece precedida por la conjunción ‘Vav’, es decir, ‘Ve-Ele’, nos quiere significar algo sustantivo. ¿La diferencia se pregunta querido lector? Seguramente usted estará pensando en ‘cómo se hila finito’, ¿no? Pero cuando estudiamos Torá, ni una sola letra está demás.

Enseñaron los sabios: ‘Ve-Ele, mosif al harishoním’. Es decir que cuando aparece la conjunción, entonces lo que está escrito en relación al texto, viene a sumarse al texto que precede y agregarle al mismo mayor sentido y profundidad. Sin embargo, si esta conjunción no está, y queda sólo la palabra ‘Ele’ (como en nuestro caso), la sentencia de los sabios fue: ‘posel et harishoním’, es decir, que deja sin efecto al texto precedente…

El pueblo de Israel, estudiábamos, cayó presa de vaya a saber qué y cuántas situaciones, de la idolatría y la violencia ante el becerro de oro. La turba, allí reunida, y motivada más y más por aquellos miembros de pueblos paganos que se sumaron al éxodo del pueblo judío, bailó, se emborrachó y perdió los estribos también. Pero hubo también ‘parte filosófica’ en la cosa. Se pronunciaron, siguiendo a los paganos que estaban de fiesta, e irrumpieron en un grito clamoroso tanto como doloroso: ‘Ele Elokeja Israel…’ -ensordecían al resto del campamento que permanecía atónito ante esos 3.000 de sus hermanos… ‘Estos son tus dioses Israel…’. Allí también está ‘Ele’… ¿lo pudo ver? Y si continuamos el criterio aprendido… ¿Qué vino a hacer este ‘Ele’? ¡Por supuesto! Anular algo…’Los Rishoním’…Los primeros. ¿Los primeros qué, se pregunta? Allí está la respuesta. En las tablas rotas…Los primeros mandamientos.

Llegamos al final del recorrido. ‘Ele fekudé’…Otro ‘Ele’ en nuestro camino. Que anula. Que borra. Que limpia lo anterior…En este caso, el becerro de oro. Y a partir de allí, nos podemos rearmar. El cuerpo se restablece, el alma se reanima. La nación judía se eleva. El Santuario tiene razón de ser. Es para todos. Por eso lo construye el pueblo judío en su totalidad. Para apreciar lo que se tiene. Para entender lo que se pierde, cuando se pierde…

Este, decíamos es un ‘Shabat Triple’…Tres dimensiones que confluyen en un mismo lugar. ¿Cuál se pregunta? Creo que el de la permanencia. La estabilidad. La seguridad de que cuanto hagamos -y estemos afirmados en lo que hacemos y decimos- nos llevará a mantenernos de pie. Siempre. “Tobím ha-Shnáim min ha-ejad” afirmaba en su célebre Kohelet, Shelomó. ‘Mejor son dos que uno…’-. “Ve-ha-Jut ha-meshulash lo bimeherá inatek”, finalizaba. ‘Y el hilo triple, no podrá ser fácilmente roto’.

 

Rabbi Maarabi is the Chief Rtabbi of Uruguay