הרב דר. מרדכי מערבי, תשס”ה

Una vieja leyenda talmúdica (Meguilá 24 B) pone en boca de Rabi Iosi una singular enseñanza: “Cierta vez caminaba yo en la espesura de la noche, cuando pude ver delante mio a un no vidente que llevaba una antorcha en su mano. -Le dije: Hijo mío, esta antorcha en tu mano, ¿con qué fin? -Me respondió: Todo tiempo que la tengo, las demás personas me pueden ver y me ponen a salvo de los pozos y las espinas, evitándome tropiezos…”.

A veces, los que vemos no nos podemos percatar de lo que verdaderamente debemos percibir. Se requiere de una especial sensibilidad para comprender algunos aspectos que nos parecen superfluos y hasta innecesarios. La enseñanza de Rabi Iosi va más allá de una circunstancia fortuita. Le quedaba clara al sabio judío la discapacidad de su interlocutor. Pero la visión, no pertenece solo al mundo de los ojos. Y aún, cuando estemos sumidos en las más profunda oscuridad, el recurso de la luz debe hacerse presente. Porque si no vemos, alguien nos verá. Porque si la oscuridad se ha hecho dueña de nuestro mundo, de algún lugar habrá de provenir la luz…Y sería bueno que estemos concientes de ello. Llevar una luz no siempre significa iluminar nuestra oscuridad. Por el contrario, es despertar en los demás la atención para con nosotros. Y eso sí es bueno…Es edificante y gratificante a la vez, el saber que alguien nos está viendo. Alguien presta atención a nuestro camino…

El mundo de la Creación se ha sumido en un nuevo ‘Tohu vaBohu’. Vacío y desorden, oscuridad y confusión han ingresado en los días y la existencia del hombre. Las aguas cubrirán los continentes y todos los creados sucumbirán bajo ellas. ‘Mabul’ -el diluvio- ganará los espacios donde había vida. ‘La confusión’ -concepto derivado del verbo mismo del mabul-, será la beneficiaria de los días de la humanidad agonizante e irrecuperable.

¿Cómo sobrevivirá Noaj, el hombre justo e íntegro de aquella generación? En una mítica Arca. El y su familia, esposa, hijos y nueras, juntos a animales, bestias y aves, de a pares las impuras, y siete de aquellas que pertenecen a la clasificación de las puras, se subirán a ese Arca para vivir el tiempo después.

D’s le da indicaciones precisas. Medidas para ese Arca. Y de cómo lograrla hacerla impermeable. Dimensiones y estructura tridimensional para un habitáculo estrecho, donde se vivirán días de estrecheces y angustias así como insatisfacciones y esperas. Era la salvación para un mundo insalvable. Cuando comience a llover, las aguas ascenderán hasta cubrir los picos montañosos más elevados y la oscuridad ganará una vez más su partida. ‘Joshej al penéi tehom’ volverá a inscribirse entre las páginas del Bereshit.

“Tsohar taasé la-tebá” suena en el eco de los tiempos. ‘Una ventana harás en el Arca’. Difícil de comprender. ¿Cuánto puede ayudar una ventana de pequeñas dimensiones en un Arca gigante? Y con semejante oscuridad en derredor, ¿de dónde provendrá la luz que ingrese a través de la misma? Muchas, demasiadas preguntas para una realidad obvia…

La palabra ‘Tsohar’ se relaciona con ‘Zohar’-resplandor- y con ‘Sohar’ -cárcel-. Aspectos contradictorios y altisonantes. El hombre de fe puede estar encerrado en un arca, en medio de un cataclismo, y conservar sin embargo la luz en el corazón gracias a la fe y a la confianza inquebrantable que tiene en D’s.

Rashí, citando al Midrash Bereshit Rabá, presenta la opción de ‘ventana’ y de ‘piedra preciosa dispensadora de luz’. Cuando un justo como Noaj tiene una catástrofe a su puerta, no se conforma con disfrutar de la luz que brilla en su hogar y sobre su familia, sino que también abre una ventana para dirigir sus miradas hacia el mundo exterior y poder apreciar la situación en la que se encuentra. Así, cuando llega el momento, está preparado para brindarle su ayuda.

Luz interior desde su ventana al mundo. Una piedra preciosa que da luz. Lo precioso de la ventana es eso. Hacerla. Tenerla. Más allá de la imposibilidad y de la oscuridad. Para ver hacia afuera. Para que nos divisen y nos adviertan. Que estamos. Que no podemos tropezar ya más.

Llevar una luz no siempre significa iluminar nuestra oscuridad. Por el contrario, es despertar en los demás la atención para con nosotros. Y eso sí es bueno…Es edificante y gratificante a la vez, el saber que Alguien nos está viendo. Alguien presta atención a nuestro camino…El no vidente de nuestra leyenda veía un poco más allá de nuestro horizonte…